Escenas del sueño y la irrealidad

Si vemos detenidamente esta selección de obras de la Colección FEMSA, nos daremos cuenta que las situaciones creadas por los artistas parten de la cotidianidad, pero terminan siendo unas escenas del sueño y la irrealidad, como propone el título de este conjunto.

Un grupo de obras construye momentos de una gran riqueza imaginativa, como las pinturas de Francis Alÿs, Julio Galán y Juan Soriano. En sus imágenes, lo lúdico y la infancia —etapa de la vida donde la imaginación se confunde con la realidad— se combinan poéticamente y se inscriben a su manera en uno de los grandes estilos del arte como es el surrealismo.

En estas piezas, el azar —importante componente del arte de las vanguardias del siglo pasado— juega un rol protagónico. En cierto modo, se pueden asociar a los «cadáveres exquisitos», esas creaciones colectivas de los surrealistas que, como en un juego, encadenaban imágenes sin que sus autores supieran de qué se trataban las colaboraciones de los demás participantes. El resultado son unas fantasías absolutas, figuras y formas sin orden ni razón. Algo de esto se ve en estas tres pinturas.

En otro grupo, la máscara es un elemento clave. Las podemos ver en las obras de Flor Garduño, Francisco Toledo, Alfredo Castañeda y Juan Rodrigo Llaguno. La máscara es para diversas culturas un elemento primordial para el desdoblamiento y el ocultamiento. Para el arte moderno y contemporáneo, su significado es múltiple y relacionado con lo arcano y los sueños. La máscara también está muy presente en el arte surrealista; para el psicoanálisis, supone un mecanismo para ocultar lo que no queremos mostrar de nuestro yo interior o un artificio (un disfraz) para presentarnos ante el mundo. ¿Qué tipo de máscaras tienen los personajes de Toledo?, ¿por qué el pintor Sergio Hernández usa una osamenta como máscara?, ¿los antifaces de los personajes de Alfredo Castañeda tendrán algo que ver con sus posiciones?, ¿las caras pintadas de las mujeres retratadas por Llaguno serán un tipo de máscara?

Otros terrenos de lo irreal lo exponen Carla Rippey y Antonio Ruiz “El Corcito”. Ambos con escenarios. Ambos, puestas en abismo que detonan la ficción desde lo real y la fantasía, respectivamente. De izquierda a derecha, la lectura del conjunto de Rippey pasa de lo real a la invención. De documentos fotográficos a una imagen perturbadora donde la artista reproduce a una mujer apuntando con su fusil a lo que parece un juego de feria, con una imagen enmarcada como un cuadro que proyecta una escena de guerra ajena por completo al documento original. En esta obra, la yuxtaposición altera —mistificándola— la realidad documental. Por su parte y gracias a su frontalidad y a la simetría de la escena que lo enmarca, el teatro de títeres de “El Corcito” se puede entender también como una pintura dentro de otra, en este caso, una fantasía que cautiva a los niños titiriteros.

Finalmente, desde su condición natural de ficciones, todas estas obras son también y a su manera Escenas del sueño y la irrealidad.

Autor: Carlos E. Palacios

Sin Título

Francis Alÿs

1994

Mientras me despierto

Julio Galán

1985

Pájaros chupadores

Francisco Toledo

1975

Sergio Hernández, México

Flor Garduño

1997

Acróbata (La bailarina)

Francisco Toledo

s/f

Retrato de Lola Álvarez con Juan Soriano niño

Juan Soriano

1944

Los fusiles

Carla Rippey

1993

Títeres

Antonio Ruiz “El Corzo”

1933

Dúo de pez

Alfredo Castañeda

1997

De la serie Retratos de Espinazo

Juan Rodrigo Llaguno

1990